Innovar, sin romper

Patricio Cañete
4 min readJun 21, 2023

Es más fácil decirlo que hacerlo. Hace falta sangre fría, paciencia y coraje.

Una idea simple, pero muchas veces, mal interpretada, o en todo caso, mal ejecutada. Una idea contra-intuitiva. Que nace con la noción de organización ambidiestra. Explotar lo que funciona, y al mismo tiempo, explorar nuevas oportunidades.

Algunos pensamientos adicionales a lo que presenté el pasado 13 de Junio.

En la mayoría de los casos, cambiar algo que funciona, lo termina rompiendo. Pero además, no es una buena idea.

Si le vendiste pan a media ciudad durante los últimos 40 años, y te preocupa que ahora haya cada ves más gente que piensa que el pan no es saludable, podés tomar varias decisiones al respecto, pero lo único que no deberías hacer, es intentar venderles otra cosa diferente a los que todavía quieren tu pan.

Si te pasas del pan, al casi-pan, no les vas a vender absolutamente nada, ni a los que quieren pan, ni tampoco a los que no quieren pan. Es así de claro.

Tenemos que dejar de pedirle al marketing más de lo que puede hacer por nosotros. Los tiempos cambian, la tecnología avanza, la cultura se transforma. Todo a la velocidad de la luz. El truco de envolver todo con felicidad, a veces funciona y a veces no. Igual, mientras haya personas dispuestas a comprar espejitos de colores, les van a seguir vendiendo espejitos de colores, pero esto es otro tema que nada tiene que ver con la innovación. En definitiva, no intentes arreglar con marketing lo que está roto.

Cuando Netflix vio que su negocio de alquiler de DVD se estaba rompiendo, desarrolló otro en paralelo que creía quesería el futuro. No acudió al marketing para luchar contra la tecnología y los cambios sociales o culturales. Al contrario, lo aprovechó.

Nos vienen diciendo que como emprendedor deberías enamorarte del problema que resolvés, incluso de tus clientes, pero nunca de tu producto.

Enamorarte de tu producto te puede llevar a la ruina. Pero cambiar tu producto también.

Enamorarte de tus clientes está bien, pero prostituirse no es buena idea. Intentar dejar a todos conformes, no es buena idea. La idea de innovación asociada a los indicadores incorrectos, es peligrosa.

Debo insistir incansablemente que tu marca no es un logo. Tu marca crece y se hace adulta practicando integridad. La promesa que hagas desde tu propio punto de vista, la debes cumplir con tu producto, que no es otra cosa que un vehículo mediante el cual los clientes logran su objetivo, y tu modelo de negocios es el mecanismo que lo hace posible de manera repetida en el tiempo.

No se puede cambiar el producto sin cambiar la promesa, o cambiar la promesa sin cambiar el producto. La tecnología te puede dar infinitas ventajas en cualquier área de tu modelo de negocio, en la creación y en la entrega de tu producto. Y nunca olvides que cambiar los canales no es una decisión unilateral de la empresa.

Entender el trabajo que hace un producto para cada cliente, o el trabajo que necesita hacer un cliente, cambia las perspectivas. Ver cine en casa, compite con un libro, con Spotify y con la Play. En cambio, ir al cine compite con un restaurante o con un bar, sin muchas dudas. Si entendemos qué es lo que busca lograr el cliente, el producto se convierte en un simple vehículo y el “palo en la nuca” puede venir de cualquier lado. Deberías estar atento.

El problema de inventar un negocio

Inventar un negocio de la nada tiene mil aristas, y a esta altura, posiblemente lo mejor que puede ocurrir es que tengas alma y habilidad de empresario, de esos que cuando ven una oportunidad, salen corriendo sin vueltas a aprovecharla. Haciendo “lo que haya que hacer” y dejando que el mercado te diga qué hacer. Sin vueltas. Algunos te van a decir mercenario. Y otros te van a aplaudir.

Cuando al “inventar un negocio” se le comienzan a agregar restricciones (principalmente personales) todo el panorama se complica. Que los clientes sean personas a las que tenés acceso, que las habilidades para crear y entregar el producto tengan que ver con las propias del fundador o socios, que el propósito del negocio esté alineado a aquello que “apasiona e inspira” al fundador, pero además, le permita el estilo de vida con el que sueña. Todo el panorama se pone mucho más oscuro. Diría que marrón o casi negro.

Un negocio que se ajuste más al fundador que a los clientes, es directamente inviable, pero es algo que se ve frecuentemente como la principal causa de muerte de los emprendimientos. Incluso, las empresas de aquellos fundadores que se preocupan más por convertirse en un unicornio, que en solucionar un problema por el que alguien esté dispuesto a pagar.

Si la visión de una empresa simplemente se reduce a ser “la líder” o “la más grande”, en vez de una idea clara de transformación que alguien (o el mundo) logra gracias a su misión, no tiene de dónde agarrarse para navegar en aguas turbulentas. Es no tener idea de hacia dónde ir.

En definitiva, al quitarle romanticismo a la innovación, al correr la cortina, aparece la realidad. Innovar, al final del día, no es otra cosa que lograr salirte con la tuya. Es usar a tu favor aquello que está difuso en el aire. A veces, disponible para todos. No necesariamente divertido. No necesariamente conveniente. No necesariamente glamoroso. Innovar es decidir cambiar, como también, decidir no cambiar, cuando todos cambian. Es salir de la zona de confort, como también, decidir quedarse en ella. Es sacar ventaja, pero no necesariamente a la competencia.

Monopolios y secretos temporales. Cada vez más efímeros. Pero que te dan la ventaja para que puedas subir al siguiente escalón.

Explotar & Explorar tiene que ver con algunas de esas sutilezas. Si algo te da de “comer” por que funciona, no lo rompas, aprendé a quererlo con las imperfecciones que le encuentres, pero al mismo tiempo, nunca dejes de buscar nuevos secretos.

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